Niños, adolescentes y mucho ruido

Elena Rubio, la psicóloga en tus zapatos

Ya hemos hablado en anteriores ocasiones de que el ruido, además de pérdida auditiva, puede afectarnos en nuestra capacidad de atención, puede generar estrés, irritabilidad o nerviosismo.

Pero, ¿y si ponemos el foco en nuestros niños y adolescentes? ¿Cómo les afecta a ellos?

Elena Rubio, psicóloga - Foto: Jesús Umbría
Elena Rubio, ‘la psicóloga en tus zapatos’ de conRderuido.com y jupsin.com – Foto: Jesús Umbría

Los niños y la contaminación acústica

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un 5% de la población mundial sufre problemas de audición. Y de estos32 millones son niños. Los agentes causantes de estos problemas son factores genéticos, afecciones perinatales, etc., pero por supuesto, uno importante es el RUIDO.

Los sonidos intensos durante periodos prolongados o aquellos muy elevados en periodos cortos, también pueden provocar estos problemas de audición en nuestros infantes. Pero no podemos pensar sólo en la pérdida de audición. Veamos en qué otros aspectos importantes influye el ruido en nuestros menores:

  • Crecimiento: cuando el ruido afecta durante el sueño, se puede reducir la duración del sueño profundo, que es cuando el cuerpo genera las hormonas del crecimiento. Así, si el sueño se reduce, se verá alterado el crecimiento.

Todas estas mermas en las capacidades de los niños pueden afectar, más a largo plazo, en la formación de su autoestima y en la aparición de cuadros de ansiedad

  • Comprensión y aprendizaje: con presencia de ruido, se dificulta el escuchar y así entender nuevas palabras habladas y/o se limita la capacidad de concentración y, con ello, la consolidación de conocimientos nuevos o la memorización de conceptos. ¿Quién puede concentrarse cuando hay ruido a su alrededor?
  • Desarrollo del feto: incluso durante el embarazo, si por diferentes circunstancias la madre se ha podido ver expuesta a altas cantidades de ruido, bien de forma continuada o bien en momentos concretos, esto puede afectar al desarrollo del feto en su crecimiento y a la ya mencionada pérdida auditiva.

Todas estas mermas en las capacidades de los niños pueden afectar, más a largo plazo, en la formación de su autoestima y en la aparición de cuadros de ansiedad.

Por supuesto, no podemos olvidarnos del resto de efectos que los niños pueden sufrir por la exposición a la contaminación acústica y que las personas adultas también viven: fatiga, estados de ánimo negativos, alteraciones en el sueño, efectos cardiovasculares, estrés, etc.

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Concienciación, educación y dar ejemplo son cuestiones que debemos contemplar para proteger del ruido a niños y adolescentes

¿Qué podemos hacer?

Ahora que ya tenemos más claro, si cabe, la importancia de que los niños y jóvenes vivan en un ambiente lo menos ruidoso posible, veamos qué está en nuestra mano para fomentar estas situaciones:

  • Concienciación: si nosotros ya estamos realmente concienciados, tratemos de trasladar esta preocupación a nuestro entorno. De poco servirá que uno trate de trabajar en esta línea, si el resto de la familia hace todo lo contrario. Es clave hablar de esto en familia, o con los amigos cercanos con quien el niño pase parte de su tiempo, para que no reciba información o comportamientos contradictorios. Todos juntos podrán conseguir mayores beneficios.
  • Educación: una vez todos vayan de la mano, trasladar estas ideas de apreciar el silencio, de evitar los grandes ruidos fortuitos (golpes con los juguetes, gritos para expresarse, alta música en la casa o en el coche…), será más fácil hacérselas llegar al niño. Siempre hablando con empatía y con asertividad, conseguiremos llegar mejor al menor.
  • Dar ejemplo: por supuesto, y como ya hemos hablado en múltiples artículos, de poco servirá que le digas que el ruido es malo, cuando tú eres el primero que grita, que pone la música alta, que arrastra las sillas al retirarte de la mesa… Eso es lo que el niño va a aprender. Los niños hacen lo que tú haces, no lo que tú les dices que hagan.

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Cuando todo esto se inculca desde la infancia, en los primeros años, es más fácil que se traslade al resto de su vida. Es importante que niños y adolescentes no se dejen llevar por conductas de riesgo como:

  • Llevar siempre los auriculares con la música a niveles muy elevados 
  • Tener la música en la habitación a tal potencia que tiemblen hasta los cuadros
  • Compartir en el tren, metro o autobús la música desde el móvil con el resto de pasajeros
  • Comunicarse a voces o con portazos

Es una labor constante y de esfuerzo, como tantas otras que conlleva la crianza de un hijo. Empecemos desde ya, incluso sin tener hijos, para que el día de mañana, si se da el caso, podamos ser un buen ejemplo para otros, y por supuesto, para nosotros mismos.


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PERFIL DEL AUTOR

Elena Rubio

Psicóloga Sanitaria y Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales, especializada en factores psicosociales. Más de 15 años de experiencia en formación. Actualmente ayudo desde el ámbito clínico, en consulta, a las personas que desean mejorar su situación o aliviar su dolor. Especialista en talleres y cursos de formación en empresas e instituciones diversas. Mi vocación es la ayuda.


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